Carta #4
Querida Taylor, He leído su segunda carta con más atención de la que le dediqué a la primera, y eso ya debería significar algo. No retiro nada de lo que dije: su música sigue pareciéndome demasiado nítida, demasiado segura de sí misma, muy dispuesta a tenderle la mano a quien escucha. Sigue habiendo, entre su mundo y el mío, una distancia evidente pero la distancia, a veces, también es una forma de tensión; y si la tensión se la escucha bien, puede convertirse en música. Lo que cambió mi perspectiva es lo dicho sobre el reloj. Hay algo en esa imagen que describió que no se comporta como un argumento, sino como una escena; una que persiste dando vueltas en mi cabeza. Así que voy a proponerle algo más modesto y, por lo tanto, más interesante que una colaboración inmediata: envíeme un demo. Quiero escuchar qué ocurre cuando toma esa imagen del reloj y la lámpara, la deja pudrirse un poco en su cabeza y escribe desde ahí, sin preocuparse por explicar demasiado. Si de verdad puede entrar en...