Cronica ensayística - Feria del Libro 2026
Últimamente se escucha en todos lados la frase "ya nadie lee". Yo tengo sentimientos encontrados con esa afirmación: por un lado creo que sí, la gente cada vez lee menos; lo veo en mi misma, en mis amigos, en mis familiares; por el otro, estoy convencida de que sigue siendo una práctica importante y convocante, aunque quizás no del mismo modo en que lo era antes.
Durante mi visita a la Feria del Libro me resultó difícil ignorar esa contradicción. Fui dos veces en esta última edición y en ambas ocasiones había tanta gente que por momentos resultaba agobiante simplemente estar ahí. Parecía obvio que la frase anterior era falsa.
Los datos de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales muestran un panorama más complejo que el que suele aparecer en los discursos pesimistas. Analiza los hábitos de lectura en distintos grupos etarios y regiones del país, comparando los datos recolectados en 2013, 2017 y 2022.
Durante mi visita a la Feria del Libro me resultó difícil ignorar esa contradicción. Fui dos veces en esta última edición y en ambas ocasiones había tanta gente que por momentos resultaba agobiante simplemente estar ahí. Parecía obvio que la frase anterior era falsa.
Los datos de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales muestran un panorama más complejo que el que suele aparecer en los discursos pesimistas. Analiza los hábitos de lectura en distintos grupos etarios y regiones del país, comparando los datos recolectados en 2013, 2017 y 2022.
Según la encuesta, el 51% de la población afirmó haber leído al menos un libro durante el último año. Aun así, la lectura sigue lejos de alcanzar los números de 2013 y gran parte de quienes no leen señalan la falta de tiempo o de interés como el principal motivo.
Para mí los resultados responden a la necesidad lógica de, por momentos, darse el lujo de simplemente no hacer nada que exija mucho de uno. Estamos tan acostumbrados a un ritmo de vida acelerado que resulta agotador sumar un compromiso más a nuestro día, por más disfrutable que este pueda ser.
Leer es una especie de ritual, implica tiempo y concentración; uno tiene que comprometerse con la historia, hacer el esfuerzo de entrar en el mundo que se le ofrece, conocer a los personajes, seguir el hilo. Es un desafío y requiere de nuestra voluntad.
A diferencia de las redes sociales o de buena parte de los contenidos digitales que consumimos todos los días, la lectura requiere una decisión consciente. Un video aparece en la pantalla sin que lo busquemos; un libro exige una inquietud, un deseo.
Entre 2017 y 2022 hubo un incremento en la lectura. Yo creería que tiene mucho que ver con la pandemia que hubo en el medio. Esto hace explícito que leer libros no depende únicamente de la voluntad; es indispensable una cantidad razonable de tiempo libre que nos permita no solo desconectarnos de nuestras tareas habituales, sino también conectarnos con el desarrollo de uno mismo y nuestros intereses.
Para mí, lo que ocurre entonces no es que "ya nadie lee", sino que leemos hasta donde podemos. El hábito está disperso, fragmentado en los momentos que encontramos entre nuestras obligaciones. Todas las mañanas viajo en la línea A y todavía es común ver personas leyendo libros impresos o en Kindle, incluso en hora pico.
Cuando hablo de dispersión no me refiero solamente a los momentos de lectura, sino también a aquello que leemos. Ya no existen lecturas compartidas por grandes sectores de la sociedad como ocurrió en otros momentos. Incluso habiendo ido a la feria con varios amigos de mi misma edad, la mitad de las veces que me nombraban un libro o autor, no tenía idea de quién me hablaban.
En ese sentido, resulta interesante que según un informe de Chequeado, 2025 haya sido el año con más títulos publicados pero también, uno de los de menor tirada total. Esto significa que se publican más libros que antes, pero cada uno llega a menos personas, permitiendo que la lectura sea más diversa, pero también más fragmentada.
Para bien o para mal, podes leer casi cualquier cosa hoy en día, por lo que cada cual consume lo que le interesa. Así es como, cada vez mas, leer tiende a lo privado, a lo que uno hace en la intimidad y reflexiona para sí; se pierde el encuentro y la discusión, y también en parte, el fomento a la lectura porque deja de ser un tema de conversación.
Yo no creo que el problema esté en si la gente lee o no, focalizarse en eso se queda corto. Es verdad que se lee menos pero también es verdad que la lectura resulta cada vez más difícil. En un país donde los libros nuevos no bajan de 30 mil pesos y en donde es normal que niños de tercer grado no entiendan lo que leen; no podemos esperar otra cosa que la baja del consumo de libros.
Si queremos que la lectura vuelva a ser parte de la conversación y de la vida cotidiana de todos, es necesario echarle un ojo y ocuparse de estas problemáticas en lugar de tomar una postura de indignación. La gente sí lee, no de la misma forma. Si queremos que la lectura siga siendo un punto de encuentro con otros y con uno mismo, necesitamos lograr que vuelva a ser accesible, en todo sentido y para todos.
Fuentes:
Sistema de Información Cultural de la Argentina. (2023). Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2013-2023: Lectura de libros. Ministerio de Cultura de la Nación.
Sistema de Información Cultural de la Argentina. (2023). Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2013-2023: Informe regional. Ministerio de Cultura de la Nación.
Rosario. Mariana. (2025). Feria del Libro 2026: se publican más títulos, pero cae fuerte la cantidad de ejemplares impresos. Chequeado. https://chequeado.com/el-explicador/feria-del-libro-2026-se-publican-mas-titulos-pero-cae-fuerte-la-cantidad-de-ejemplares-impresos/
Para mí los resultados responden a la necesidad lógica de, por momentos, darse el lujo de simplemente no hacer nada que exija mucho de uno. Estamos tan acostumbrados a un ritmo de vida acelerado que resulta agotador sumar un compromiso más a nuestro día, por más disfrutable que este pueda ser.
Leer es una especie de ritual, implica tiempo y concentración; uno tiene que comprometerse con la historia, hacer el esfuerzo de entrar en el mundo que se le ofrece, conocer a los personajes, seguir el hilo. Es un desafío y requiere de nuestra voluntad.
A diferencia de las redes sociales o de buena parte de los contenidos digitales que consumimos todos los días, la lectura requiere una decisión consciente. Un video aparece en la pantalla sin que lo busquemos; un libro exige una inquietud, un deseo.
Entre 2017 y 2022 hubo un incremento en la lectura. Yo creería que tiene mucho que ver con la pandemia que hubo en el medio. Esto hace explícito que leer libros no depende únicamente de la voluntad; es indispensable una cantidad razonable de tiempo libre que nos permita no solo desconectarnos de nuestras tareas habituales, sino también conectarnos con el desarrollo de uno mismo y nuestros intereses.
Para mí, lo que ocurre entonces no es que "ya nadie lee", sino que leemos hasta donde podemos. El hábito está disperso, fragmentado en los momentos que encontramos entre nuestras obligaciones. Todas las mañanas viajo en la línea A y todavía es común ver personas leyendo libros impresos o en Kindle, incluso en hora pico.
Cuando hablo de dispersión no me refiero solamente a los momentos de lectura, sino también a aquello que leemos. Ya no existen lecturas compartidas por grandes sectores de la sociedad como ocurrió en otros momentos. Incluso habiendo ido a la feria con varios amigos de mi misma edad, la mitad de las veces que me nombraban un libro o autor, no tenía idea de quién me hablaban.
En ese sentido, resulta interesante que según un informe de Chequeado, 2025 haya sido el año con más títulos publicados pero también, uno de los de menor tirada total. Esto significa que se publican más libros que antes, pero cada uno llega a menos personas, permitiendo que la lectura sea más diversa, pero también más fragmentada.
Para bien o para mal, podes leer casi cualquier cosa hoy en día, por lo que cada cual consume lo que le interesa. Así es como, cada vez mas, leer tiende a lo privado, a lo que uno hace en la intimidad y reflexiona para sí; se pierde el encuentro y la discusión, y también en parte, el fomento a la lectura porque deja de ser un tema de conversación.
Yo no creo que el problema esté en si la gente lee o no, focalizarse en eso se queda corto. Es verdad que se lee menos pero también es verdad que la lectura resulta cada vez más difícil. En un país donde los libros nuevos no bajan de 30 mil pesos y en donde es normal que niños de tercer grado no entiendan lo que leen; no podemos esperar otra cosa que la baja del consumo de libros.
Si queremos que la lectura vuelva a ser parte de la conversación y de la vida cotidiana de todos, es necesario echarle un ojo y ocuparse de estas problemáticas en lugar de tomar una postura de indignación. La gente sí lee, no de la misma forma. Si queremos que la lectura siga siendo un punto de encuentro con otros y con uno mismo, necesitamos lograr que vuelva a ser accesible, en todo sentido y para todos.
Fuentes:
Sistema de Información Cultural de la Argentina. (2023). Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2013-2023: Lectura de libros. Ministerio de Cultura de la Nación.
Sistema de Información Cultural de la Argentina. (2023). Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2013-2023: Informe regional. Ministerio de Cultura de la Nación.
Rosario. Mariana. (2025). Feria del Libro 2026: se publican más títulos, pero cae fuerte la cantidad de ejemplares impresos. Chequeado. https://chequeado.com/el-explicador/feria-del-libro-2026-se-publican-mas-titulos-pero-cae-fuerte-la-cantidad-de-ejemplares-impresos/
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